SOBRE EL ORIGEN DEL NOMBRE: INGENIERO
Alberto Méndez Arocha
Tomado textual de la Revista CIV, Número 371,
de la Fundación Juan José Aguerrevere y solo reproducido para usos didácticos.
Aclaremos al
lector: hay que diferenciar entre el uso antiguo de este término como
definición de una ocupación, artesana y generalista, asociada a las actividades
de construcción y militares, hasta las épocas medievales, como veremos, y luego
diferenciar dijimos, del uso dictado por la aplicación del nombre a su actual
oficio y la aparición de la denominación académica: como actividad basada en el
ejercicio de una profesión universitaria.
Así tengamos en
cuenta que:
“...por miles
de años la ciencia y la ingeniería recorrieron caminos separados como si
ninguna tuviera que contribuir a, o aprender de, la otra. Desde los primeros
tiempos los ingenieros fueron (o más bien la palabra ingeniero fue aplicada a)
orgullosos e independientes artesanos que se guiaban en su trabajo no por
teorías científicas sino por el sentido común y las reglas prácticas aprendidas
por la experiencia....
ni siquiera los
grandes avances científicos y matemáticos previos al siglo XVII (las épocas de
Bacon, Galileo, Leibniz y Newton) se aplicaron en las tareas de la ingeniería
contemporánea...” (Cf. Florman, Samuel C., Engineering and the liberal
arts; New York, 1968).
Justamente la evolución de esta acepción
tiene que ver con el fondo del asunto sobre el que discurriremos.
Primero
artesano, luego matemático, luego científico, lo que se llama hoy ingeniero:
pero el nombre, que siempre existió,
desde tiempos remotos. ¿A quién se refería?. ¿Y cuál es su origen?.
De ingenioso, dice todo el mundo. Otros
desdicen, viene de máquina.
La dicotonomía
aparece desde las definiciones de los diccionarios modernos: Ingeniero es aquél
que discurre con ingenio las trazas y modos de conseguir o ejecutar una cosa...
mientras que ingenio se refiere: a la “facultad del hombre para discurrir o
inventar con prontitud y facilidad” pero también a “cualquier máquina o
artificio de guerra para ofender o defenderse...”. He ahí el dilema...
Presentamos
entonces el orden de la exposición, que es así:
COMO DENOMINACION
·
Los orígenes: ingeniarus
·
Máquina o invención: la “cita de
Tertuliano”
·
La cuestión ingenioso vs. maquinista en los diccionarios clásicos.
·
El Ing. Mec Méndez, CIV 3235, es
egresado de la UCV y Doctor en “Derecho y Economía de la Energía” de la
Universidad de París. Dedicado a James Kip Finch y Bertrand Gill.
·
Primera documentación del nombre: ingeniator,
maitre des machines, auxiliar de guerra.
·
Architectus
COMO OFICIO/PROFESION
·
Segunda documentación: el despertar
de la denominación moderna: los “teatros de máquinas”.
·
Tercera documentación: la
nomenclatura del Renacimiento Italiano, ingeniero
COMO ACADEMICO
·
El otorgamiento del título: las
universidades
·
La aparición de las matemáticas
LOS ORIGENES: INGENIARUS
La
interpretación del origen del nombre como maquinista en lugar de ingenioso es una posición que tiene
también cierto respaldo, y al final cierta similitud, lo que viene a constituir
el meollo de esta discusión. Veamos los argumentos.
En efecto,
tanto la Segunda Edición de Diccionario Webster (1983) como el de Random House
(New York, 1967) se refieren al origen de la palabra engineer como derivada del Bajo Latin ingeniarus, equivalente a ingenia(tus), de donde derivaron ingeniator (Bajo Latin), ya mencionado,
y luego engigneor (Francés Antiguo),
y luego engyn(e)our (Inglés Medio).
También Webster cita del Viejo Francés engigneur
y en Inglés Medio, engigner (p. 602).
Lo que podría favorecer la interpretación en favor de ingeniarus, aunque no describen el oficio.
Nótese de paso
el cambio de ingen -a enging - lo que fonéticamente (que es lo que vale, no la
grafía) sería determinante al cambio del ingeniero
que usa un ingenio incluso como
máquina) al engineer que usa una engine
(o sea que en inglés el ingeniero es más maquinista que en español...).
Sin embargo, el
asunto se diluye por la aparente evolución de la acepción original, ya que el
término inicial, del Bajo Latín, ingeniarus,
se refería a “aquel que usa una máquina” – pero máquina viene de ingenium, que es invención ingeniosa. De
donde proviene la validez de la posición como oficio o profesión, quizás como
una evolución de la terminología primera.
También el texto
de Random House destaca la
composición de la palabra engineer como engine + - er, participio de ingeniare: diseñar, instrumentar,
(devise), del latín ingenium. Esta
sería otra acepción, cercana al término actual de la profesión, en cuanto a
proyectista.
Respecto de engine la toman como derivada de engin, del Inglés Medio, a su vez
prestada del Francés Antiguo, a su vez proveniente de Latín ingenium, invento.
Quiere decir,
habrían dos acepciones vigentes en esa época: ingeniero como inventor, y
como cuidador de máquinas.
MAQUINA O INVENCION: LA CITA DE TERTULIANO
La confusión se
ilustra bien en los textos de Finch (The story of engineering, New York 1960, p.82), el
ilustre historiador de la Ingeniería. Primero él menciona que Tertuliano (200
D.C.) habla de un ataque de los romanos a los cartagineses, donde estos
quedaron con los ojos “claros y sin vista”
cuando aquellos sacaron una especie de ariete (novum extraneum ingenium),
aparato que los asirios también habían usado siglos antes.
Entonces Ingenium
se registra “como término aceptado”, destaca Finch en su primer trabajo, para
describir una invención ingeniosa, --¿o una
máquina de guerra? - - ya en el
200 D.C.
Esto lo
decimos, en lo que respecta a invento o a “máquina”, y justamente es el fondo
del presente artículo, por lo siguiente: en una revisión posterior, Finch
(Engineering and the Western Civilization, 1990, p. 34) expresa textualmente
que Tertuliano “se refería a una máquina de guerra”. Esta interpretación no
parece correcta.
LA CUESTION INGENIOSO VS MAQUINISTA EN
LOS DICCIONARIOS CLASICOS
En cuanto voz
latina
No hay ninguna
mención en los diccionarios latinos
consultados a ingenium como máquina sino como invención. A
saber.
Diccionario Ilustrado Vox
Latino/Español.
“Ingenium:
genio/fantasía, invención”.
Dictionnaire Latin/Francais (Gaffiot)
Que tiene por
naturaleza todas las cualidades de la inteligencia / de espíritu vivo / Idea
para inventar / un hombre de ideas / de talento / invención ingeniosa”.
Dictionnaire Latin-Francais (H. Goelzer, Garnier
Flammarion)
“Un hombre de talento, de genio.
Invención ingeniosa”.
En cuanto a los diccionarios castellanos.
Diccionario de uso del Español (María Moliner,
Gredos).
Ingenio: del latín “ingenium”, conjunto
de actividades innatas, derivadas de genius... Acepción 4: no frecuente,
máquina. 5. Pieza de artillería. [o sea que en Español sí se refiere a
máquina).
Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua
Hablando del
Ingeniero dice la Real Academia: “...el
que discurre con ingenio las trazas y modos de conseguir o ejecutar una cosa...”
- - se refiere, por tanto a la versión ingeniosa, al igual que la Moliner:
“persona que discurre algo con ingenio”, sin referirse a la profesión, aparece
en su segunda acepción”.
Advirtamos que,
no en latín, pero sí en español, ingenio
se usa con el valor de máquina, pero ello no obvia la (aparente) incorrecta
interpretación del latín de Tertuliano, como indicamos arriba.
En efecto la
Real Academia se refiere a Ingenio:
“facultad del hombre para discurrir o inventar con prontitud y facilidad”, pero
además (acepción 6ª.): “máquina o
artificio mecánico” y luego (acepción 7ª.):“cualquier
máquina o artificio de guerra para ofender o defenderse...”
O sea que en
español, no en latín, se acepta la dicotonomía sobre el origen: primero
ingenioso, luego maquinista (y artesano). Es curioso que esta diferencia entre
las lenguas romances y sajonas, en cuanto las primeras, en su evolución,
aceptaron su dicotonomía entre las dos acepciones. Excepto que si en inglés engin deriva de ingenium, todo al final viene de la misma raíz...
Resumiendo así
esta evolución, del nombre del artesano al nivel de operador/artesano con el
nombre de “ingeniero” resulta:
De modo que
pareciera que el origen del nombre atiende a ambas etimologías: primero a ingenio, quien inventó, y luego
al ingenio que las utilizó.
Esto es, que ingenioso
o maquinista
tienen en el fondo el mismo origen. Porque para Webster, viene del Francés
Antiguo engin, enging, engeng; en
Italiano Ingegno, o sea que viene de ingenium, claro está; pero se aplicaba al
que cuida una máquina, a un maquinista, un artesano, no a un
inventor, no a un proyectista.
En cuanto al
Castellano, la Posición B encuentra respaldo en la Ed. 1982 de la Real
Academia, p. 772, cuando admite al describir la palabra “ingeniería”: (¡).
Ingeniero: “(de
ingenio, máquina o artificio). Persona que ejerce o profesa la ingeniería”.
Esta acepción no aparece en la edición aniversaria posterior.
Debemos añadir,
a favor de esta tesis, que en el “Imperio Romano Oriental, centrado en
Constantinopla, apareció el título de mechanikos
o mecánico. De que esta gente era a la
vez arquitectos e ingenieros lo respalda el hecho que aun hoy en Grecia no se
hace distinción entre ambas posiciones... El ingeniero civil se llama politikos mechanikos y el eléctrico electrogos mechanikos...” (Finch, idem,
24).
Quizás
pudiéramos mencionar, que, en nuestra humilde opinión, todo indica que en estos
tiempos el “ingeniero” era un humilde operador de máquinas, y el gran ingeniero
eran otros denominados de manera distinta, como veremos luego.
(Inglés) ingenium
engin engineer
y luego
(Español) ingenium ingenio ingeniero,
máquina
PRIMERA DOCUMENTACION:
MAITRE DE MACHINES (CAPORAL DE MAQUINAS); INGENIATOR (ARTESANO; AUXILIAR DE
GUERRA)
Tenemos una
primera referencia en el idioma inglés. En Inglaterra la palabra ingeniator se usaba “para el operador
de máquinas de guerra y artillero de castillo” lo que se cita alrededor del
siglo XII, o sea, “maitre de machines”.
El oficial que
se ocupaba de las armas de fuego en la guardería en los tiempos de Eduardo II
era conocido como Artilator (digamos
artillero) o Ingeniator.
Ailnolth (h.
1.157), quien trabajaba en la Torre de Londres para el palacio de Westminster,
era descrito como un ingeniator.
“Era un hombre versátil, que trabajaba igualmente con plomo o vidrio, que con
piedra o madera...” Era un artesano con formación técnica, quizás tan
carpintero como fueron la mayoría de los llamados “ingenieros” de los siglos
XII y XIII, hombres acostumbrados a fabricar las grandes máquinas de guerra que
precedieron el uso de la pólvora (lo que Guille cita como “Maestros de
Máquinas”). (Cf. Finch, obras citadas; Gille, Les ingénieurs de la
Rennaissance; París 1964).
William Byker
aparece primero como “ingeniero de las hondas del rey” (war slings) y luego artillator domini regis in turre
Londoniarum, donde fabricaba cañones. T.F. Tout dice que quienes se
ocupaban de las armas de fuego en cualquier parte excepto la Torre de Londres
eran “ingenieros, no contabilistas u oficinistas” (Finch, idem).
ARCHITECTUS
Este es,
pensamos, un aporte importante en nuestra disertación.
A nuestro
juicio los “así denominados”, o sea los antiguos “ingenieros” no ejercían la
profesión que hoy llamamos ingeniería, eran inicialmente unos artesanos, y se
aplicó la palabra a la profesión actual a partir del XII o XIII (Francia) y
definitivamente en Italia después del Renacimiento.
Entonces, si en
esos tiempos antiguos los llamados ingenieros, o ingeniators, eran unos albañiles o maquinistas, ¿cómo se llamaban los verdaderos
ingenieros?: se llamaban architekton, o architectus, al menos en Grecia y Roma.
De otra parte
está una muy importante acotación de Finch (idem, 24) donde señala que “el uso
más antiguo del título de architekton
fue la denominación otorgada a Eupalinus de Megara, quien dirigió el famoso
túnel de Megara, en Samos, en la época griega.
En apoyo a este
punto citamos al general Parsons, (parte 1, pág. 14, “El espíritu del
Renacimiento”), cuando declara:
“Durante el Renacimiento...
todas las fases del arte de la construcción eran practicadas exitosamente por
la misma persona, a quien Vitruvius llamaba architectus...” Sin embargo, anotemos que quizás se refiere
el estimado general más bien a la época pre renacentista, en el período oscuro
citado arriba por Finch, porque es un hecho el uso del título, aplicado por
ejemplo a Leonardo como Ingeniero General por los Borgia.
El Elementary Latin Dictionary de C.T.
Lewis, y volvemos a la biblioteca de Herman Roo, explica:
“a masterbuilder (gerente de construcción),
inventor, autor, hacedor”. O sea, lo que es hoy un ingeniero, el homo faber, un Leopoldo Sucre Figarella
o un Jose Antonio Gómez Baldó. Los cuales a decir verdad, no son ni
estrictamente proyectistas ni contratistas, sino hombres de empresa, grandes
capitanes, gerentes, administradores y seleccionadores de recursos, captadores
innovadores de soluciones políticas y financieras, al estilo de Ferdinand de
Lesseps (¡en su época feliz!).
Y el Diccionario Latin-Francais de Henri
Goelzer reza:
architector, “edificar,
(II) refinar en la invención”- - o sea, siempre la raíz ingenium, pero
como constructores e ingenieros (proyectistas) al tiempo, porque también hay
contratistas - constructores que son ingenieros.
Después los
romanos usaron (reproduciendo el término griego) el título de architectus como un especialista
intermedio “entre el representante oficial y el técnico artesano”.
Añade Parsons
un comentario muy interesante (idem, pág. 81):
“Después en la
Edad Media, el Ing. Municipal romano no volvió a existir. El architectus se replegó a su antiguo
trabajo de artesano. Es obvio, sin embargo, que solamente un capaz y dotado
artesano pudo haber concebido y construido el esqueleto estructural de la
catedral gótica. Está claro que ha debido recibir alguna inspiración y
aprendido algunas lecciones de lo que quedaba de las obras romanas...”
Por cierto,
entramos entonces en una época cuando el uso de la denominación era utilizada
corrientemente donde todos los autores de unos extraños “teatros de máquinas”,
y tendría que ser la usanza de la época. Veamos algunos datos de estos ilustres
y atrevidos personajes y sus “teatros” o catálogos de ventas, como diríamos
hoy.
SEGUNDA DOCUMENTACION: LA NOMENCLATURA
DEL RENACIMIENTO ITALIANO, INGENIERO
Cuando, en
1268, el “ingeniero” Assaut requirió por escrito ser recibido por Alfonso de
Poitiers, quien se preparaba para una cruzada, debió presentar al Príncipe un
recuento de máquinas, anticipándose al estilo Guy de Vigevano. Quizás su
carta no sería muy distinta del texto de Bacon, o de la carta de Leonardo (da
Vinci) enviaría con la misma intención a Sforza. Aquí, también, las tradiciones
de los consultores se mantienen...
Después, en
1328, cuando Felipe V de Valois concibió partir en la Cruzada, Guy de Vigevano
se transformó en Consejero Militar (antes había escrito un Manual de Higiene para la
reina Juana de Borgoña) y escribió para el rey un tratado de máquinas
de guerra destinado a facilitar la real expedición (Gille, op. cit.).
El teatro de Besson:
Theatrvm Instrvmentorvm et Machinarym Iacobi Be soni – Delphinatis, Mathematici
ingenio si simi. En el preface av
lectevr (pp., 1-2; Lvdgvni 1589, o sea Lyon, (como todo lector de Astérix
conoce), se dice lo siguiente:
BESSON, Dauphinois, Ingenieux &
Mathematicien du roy de France, méprisa plusieurs incommodités, &&
[BESSON, ingenioso y matemático del rey de Francia, despreciando las mayores
incomodidades, etc...] nótese que dice ingenioso y no ingeniero, ingénieux no ingénieur, a menos que los considerara como sinónimos...
El otro conjunto de dibujos y
especificaciones es de: ZEISING: Theatri machinarum, Leipzigk (grafía
original).
Y finalmente,
el renombrado:RAMELLI, Agosto, con su: “Le diverse et artificiose machine del
Capitano Agostino Ramelli del Ponte della Tresia. Ingegniero del Chriftinian ffimo Re di Francia et di
pollonia..&..&...” (la negrita es nuestra).
Es decir, el
término era de uso común para los fabricantes de máquinas de guerra, en
el XVI... Lo que corresponde a lo que hemos llamado la posición ingeniosa
(ingeniarus).
TERCERA DOCUMENTACION: LA NOMENCLATURA
DEL RENACIMIENTO ITALIANO, INGENIERO
Deberíamos
hacer ahora una acotación sobre los ilustres
ingenieros italianos del Renacimiento, quienes constituyeron la
transición entre los “ingeniators”, los artesanos de la guerra y artilleros, y
los eruditos arquitectos y científicos, con el mismo nombre.
Entonces se propone la siguiente evolución:
Architectus, (Babilonia,
Egipto, China, Grecia, Roma)
Artesano, (Edad Media)
Ingeniero (Renacimiento)
al siglo XX, XXI
Después de los
principales ingenieros medievales alemanes de quienes nos quedan sus
“cuadernos”: Villard de Honnecourt, Guy de Vigevano, Jordanus, Gerardo de
Brusellas, Guillermo de Moerbeke, vienen los grandes italianos y alemanes,
entre ellos:
Leonardo da Vinci: A la caída de
Sforza en 1498, lo empleó en Florencia César Borgia (hijo natural de Rodrigo
Borgia, oficialmente conocido como el Papa Alejandro VI), con el título de
“Ingeniero – General” declarando que “todos los ingenieros de nuestros dominios
deberán reportarse con él y seguirán sus órdenes”.
Fue Milán, a mediados del siglo XV, un centro técnico
excepcional; la construcción del Domo, a mediados del siglo XV, convocó una
pléyade de ingenieros y arquitectos que marcó un hito en la historia de la
arquitectura. Allí El Filarete
redactó su tratado y el gran ingeniero sienés Francisco de Giorgio vino a dar
una asesoría “ante los ojos maravillados” de un joven florentino llamado
Leonardo da Vinci.
La biblioteca milanesa de los Sforza (antes los Visconti)
era un dechado de cultura. Todos los libros técnicos, como Frontino, los
agrónomos, Vegecio obviamente, algunos medievales, como Pierre de Crescent; sin
embargo se nota la ausencia de la Divina
proportione, de Pacioli.
Sin ser tan brillante, la Corte de Rimini, de la familia
Malatesta, formada más por “condottieros” que humanistas, no jugó un papel
menos importante. Allí trabajó Alberti,
y su secretario Valturio publicó el
tan famoso tratado sobre técnica militar.
Pero fue en Urbino donde floreció el mayor humanismo. Los Montefeltre mantuvieron una de las
cortes más cultas de toda Italia. Justamente fue allí donde Leonardo encontró
(en la biblioteca) los manuscritos de Arquímedes, cuando seguía las huestes de
César Borgia en el pillaje de la ciudad.
Resumiendo, en la primera generación italiana hay que
nombrar a: Jacomo Fontana / Marianus Jacobus (“II Taccola”) / Roberto Valturio
/ León Battista Alberti / Antonio Francesco Averlino (“Filarete”) / Los
Fioravante (uno de ellos apodado “Aristóteles”) / Lorenzo Ghiberti / y
finalmente los más grandes: Francesco di Giorgio Martini, los San Gallo,
Leonardo, Bruneleschi, Tartaglia, Benedetti y Galileo, estos últimos más como
matemáticos que como especialistas en balística o dinámica.
La transformación más sensible es la aparición de un nuevo tipo de hombre. Está todavía
incompletamente definido hacia en el fin del último tercio del siglo XV. No
aparece en toda su complejidad sino
cuando la artillería se convierte en una dominante de la vida militar.
Francisco de Giorgio va, en este sentido, a marcar el vuelco decisivo. Taccolla
parece todavía lo que en la Edad Media se llama un “Maestro de Máquinas”
- - auxiliar importante, y
estimado de los ejércitos, pero reducido todavía a un papel subalterno.
Bertrand Gille, el experto en Historia de la Ingeniería
Renacentista que asiduamente hemos estudiado, hace la siguiente importante
acotación, en el sentido de que esa es la época, en que el ingeniero deja de ser el “maestro de máquinas” para
convertirse más en la persona que hoy representa.
La
palabra era así de uso corriente en el siglo XVI, aunque el título no era universitario,
como se dijo, sino denotaba “la profesión “. El propio Galileo era de título
original médico pero daba conferencias magistrales de física o matemáticas
en las universidades donde asistían mas de dos mil estudiantes de toda Europa
(Cf. Timoshenko, History of Resistance of
Materials).
Debemos introducir aquí, sin embargo, lo que consideramos
una importante acotación. Ya para fines del XV la separación entre
constructor – contratista y proyectista estaba bastante bien establecida.
Brunelleschi tuvo mucho que ver con eso y el caso de la
construcción de Santa María de las Flores (la catedral de Florencia) es muy
esclarecedor, y la anécdota de la célebre huelga es ilustrativo (Cf. Vasari,
citado por Benevolo, amabilidad del sabio Ralph Erminy y del Prof. Juan Pedro
Posani):
“Erano gia la catene finite intorno all´otto facie [la base del
domo es octogonal, a.m.a.], ed i muratori inanimiti lavoravano
gagliardamente...
onde, mossi da questo e da invidia... dissono que era
faticoso lavoro e di pericolo, e che no volevan volgerla senza gran
pagamento...e, pensatovi su, prese partito, un sabato sera, di licenziarli
tutti... quando il lunedi seguente messe in opera Filippo dieci
Lombardi...gl´instrui in un giorno tanto, che si lavorano molti settimane...
Dall´altra parte i muratori, veggendosi licenziati e
tolto il lavoro...non avendo lavoro, e fatto lo quello scorno...messono mezzani
a Filippo de ritornerebbero volentieri... poi li rimesse con minor salario que
egli non avevano prima...e cosi..e con il vindicarsi contro Filippo feciono
danno e villania a sé stessi...”
Pero lo más
importante, a los efectos nuestros, es como remata Benevolo la aventura, con la
siguiente sentencia: ”Este episodio...indica ciertamente una ruptura entre la
solidaridad de clases entre el proyectista y el constructor”
Esta
solidaridad entre proyectista, contratista e inspector últimamente se ha
visto “remodernizado” a través de las nuevas versiones de los contratos llave
en mano, o “proyectar, inspeccionar y construir” por el mismo contratista (turn-key jobs, BOT, IPC). Pero alto
riesgo para el propietario, quien tendrá que ejercer buena supervisión.
EL OTORGAMIENTO DEL TITULO: LAS UNIVERSIDADES
En la temprana
Edad Media, por el siglo XII, surgieron las comunidades alrededor de las
catedrales y monasterios que dieron lugar a la consolidación de centros de
enseñanza conocidos como universitas
magistrorum et scholarium. Los estudiantes ingresaban muy jóvenes, y en los
primeros cuatro años de residencia estudiaban en trívium, (gramática latina, lógica y retórica).
Aquí se
confería el título de bachellor. Las
clases eran en latín y el método de enseñanza por concurso. Es la época de los Goliardos, narrados en la música del
Carmina Burana (CF. Ricardo Arias y Arias, La poesía de los Goliardos; Madrid
1970):
Respecto de la
enseñanza de las matemáticas Roger Bacon (ojo no Francis) informa por el 1240
que en Oxford la cantidad de geometría que se enseñaba en el quadrivium no llegaba a más de Euclides
I,5.
El quadrivium de la Escuela Pitagórica era más
elegante:
números absolutos (o sea, la aritmética).
números aplicados (o sea, la música).
magnitudes en descanso (o sea la geometría).
magnitudes en movimiento (o sea la astronomía).
Por el Estatuto
de Praga de 1384, los candidatos a la Licenciatura tenían que leer el tratado
de Hollywood (Sacrobosco) sobre la esfera, y los candidatos a la
Maestría debían estar familiarizados con los primeros seis libros de Euclides,
óptica, hidrostática, teoría de la palanca y astronomía (Rouse-Ball, idem).
En Viena, en
1389, un candidato al grado de Master requería leer cinco libros de Euclides,
perspectiva común, partes proporcionales, medición de superficies y la Teoría de los Planetas [el tratado de Campanus
basado sobre Tolomeo].
En cuanto al
título de ingeniero, si vemos los egresados de las universidades medievales,
incluso de la tardía Edad Media, todavía no otorgaban títulos por
especialidades, sino la clasificación de grados: bachiller, licenciado,
maestría, posteriormente doctor, aunque de instrucción prestigiosa y
relativamente especializada: Salerno
(medicina), Montpellier y Bologna (leyes) y París (bajo la facultad eclesiástica; Rouse-Ball, idem).
Realmente el
título de ingeniero se comenzó a otorgar en Francia a fines del XVIII, en la Escuela de Minas y en la de
Puentes y Caminos de París, luego en la Escuela Politécnica, (véase Cottelle,
Ange Tousand: Equisse Historique sur l´institution des Ponts et Chaussés;
París, 1848). Incluso l´Ecole
Politechnique sirvió luego de modelo a West Point, y en Caracas, el Ing.
Lutowski también usó sus pensa como referencia en algunas recomendaciones para
la Universidad Central de Venezuela, 1831 -- (véase Leszek Zawisza, “La Academia de Matemáticas de Caracas”,
Caracas 1960).
LA APARICION DE LAS MATEMATICAS
Mientras tanto
las matemáticas estaban entrando en las Universidades. En Oxford primero, luego
en París. En 1366 los candidatos a bachilleres eran obligados a jurar
que habían seguido al menos cien
lecciones sobre matemáticas, aunque esta fórmula era interpretada en un
sentido netamente restrictivo.
La poesía de los Goliardos
Ordo noster
prohibet Nuestra
orden prohibe
semper
matutinas; siempre
los maitines;
sed statim, cum
surgimus, pero
tan pronto nos levantamos
querimos
pruinas, salimos
al aire
illuc ferri
facimus, y
nos hacemos llevar
vinum et
gallinas. vino
y gallinas.
Nil hic
expavescimus Nada
allí tememos
Ni Hasardhi minas Salvo
las amenazas del Azar
Pero las
matemáticas no parecían tener interés sino para las “artes mecánicas”. La
geometría era cosa para carpinteros, arquitectos y topógrafos. En cuanto a la
aritmética, era la base principal del arte del comercio. Las escuelas de ábaco
del Mediterráneo se ven expandir desde el siglo XIV y el Liber abaci de Fibonacci difundió la aritmética comercial y la
contabilidad de partida doble (véase W.W. Rouse Ball, A short Account of the History of Mathematics; Londres 1908).
Podríamos
mencionar, como ilustración pintoresca, dos ejemplos de álgebra y geometría en
la Edad Media: la solución de una ecuación de primer grado, y “la multiplicación con las manos”, como sigue
(Cf. Rouse-Ball, idem).
Solución geométrica de una ecuación de primer grado
Alkarismi dió
pruebas geométricas para resolver ecuaciones de primer grado, del tipo Euclides
. Por ejemplo, para solucionar la ecuación x_ + 10x = 39, sea AB = x; construyó
el cuadrado ABCD, luego hace AH = CF = 5 (y completa la figura anexa como se
indica:)
El lado
izquierdo de la ecuación está representado por AC, HB y BF. Sumamos a ambos
lados KG que vale 25 y da un cuadrado total de 64, cuyo lado es 8, por tanto x es 3.
Multiplicación con los dedos de las manos
Los hindúes y
los árabes tenían varios métodos de multiplicación, y otros fueron
subsiguientemente utilizados en Italia, de los Pacioli y Tartaglia mostraron
ejemplos. El uso de la tabla de multiplicar hasta 5 x 5 era normal. De aquí en
adelante la multiplicación se deducía según la llamada regula ignavi, que se basaba en la identidad de:
(5+a)(5+b)=(5-a)(5-b)+10(a+b)
Entonces la
multiplicación con las manos era la siguiente:
Sea cinco la
mano abierta; seis la mano con un dedo cerrado, etc. Para multiplicar dos
números el multiplicador es una mano y el multiplicando la otra, y la respuesta
es el número de dedos abiertos en la
otra más diez veces el total de dedos
cerrados. Aparentemente método
introducido en Florencia.
CONCLUSION
Recapitulando
sobre el origen del nombre, lo que está en discusión es si ingeniarus o ingenia(tus),
del Bajo Latín, provenía o se refería a una persona ingeniosa, que diseñaba e
inventaba máquinas, lo que hemos llamado la posición A, o más bien se refería
al que usaba o manejaba una invención ingeniosa, o ingenium, o sea, una máquina de guerra, que es la posición B.
La posición que
hemos adoptado es que ambas son válidas, en cuanto se llamó ingeniator o ingeniarus, inicialmente, a
quienes manejaban máquinas de guerra, luego auxiliares militares, pero que,
aparentemente por el siglo XIII se dedicaron a labores más eruditas, basadas en
la experiencia de la construcción, como relatan los “cuadernos” de los primeros
proyectistas, así como las cintas de ingenieros franceses que ya mencionan el
uso de sus “ingenieros de puentes y caminos” (Cf. Cotelle, T.Q. Esquisse historique sur l´institution des
ponts et chaussées en France. París 1848).
Debemos
confesar, viendo los cuadernos de Villard y de Guy de Vigevano, incluso de los
ingenieros renacentistas, recordando por ejemplo el Simposio 6 sobre el domo de
la Catedral de Milán, 1450, y el de Brunelleschi sobre Santa María de las
Flores en Florencia, que aquellos “ingenieros” estaban absolutamente ajenos a los
albañiles constructores, que serían los que seguían sus instrucciones y sus
planos, es decir, serían más de la posición como denominación, proyectistas,
que de la posición como oficio, artesanos.
Después de 1500
se consolidó el nombre “del nuevo ingeniero” –que era más proyectista que constructor. Hasta que,
desde mediados del XVIII, empezó a salir de las universidades, a veces por la
puerta grande...
Así que habrían
dos opciones para evidenciar el origen de la palabra ingeniero: de ingenioso,
el hombre creador, y de maquinista, proveniente de ingenio- como máquina, el
hombre artesano y operador de los
inventos: que al final convergen en el mismo origen: ingenium, que produjo “máquina creada por el ingenio” y aquel que
“discurre con ingenio las trazas y modos de conseguir o ejecutar una cosa”
–para terminar, con la definición decimonónica: “persona que ejerce o profesa
la ingeniería”.
La primera
constatación se refiere a la evolución de la palabra en sí, que no se aplicó a
la profesión sino desde el Renacimiento, y quizás un poco antes, por ejemplo en
Francia, pero sin título universitario:

(Inglés) ingenium engin engineer
y luego

(Español) ingenium
ingenio ingeniero,
Luego de esta
incorporación de la palabra al colega ilustrado que siempre existió bajo el
nombre de architectus (inicialmente batu), o sea una evolución del tipo:
Architectus (Babilonia,
Egipto, China, Grecia, Roma)
Artesano (Edad Media)
Ingeniero (Renacimiento)
siglo XX
La otra opción,
propone que nuestra lengua romance dio pie en su evolución al uso de dos
acepciones para evidenciar el origen de la palabra ingenio: máquina e ingeniosidad,
y reconociendo como paralelo cultural que ingeniero derivó de ingeniator como “utilizador de un
ingenio” del bajo latín, que a su vez derivó de ingenium, todo queda asociado al final a una misma raíz común,
ingenium. Esta sería la otra alternativa de evolución:
O sea que
ingeniero viene de ingenio como máquina en primera instancia, como
utilizador de ella, e indirectamente
viene de ingenio (como ingenioso) porque máquina es producto de dicho ingenio e
ingeniero sería el que utiliza la máquina. Sin perjuicio que, igual que en
inglés, se haya mantenido también el uso de ingenio como habilidoso.
Así puede decirse que ingeniero deriva primeramente de máquina, de “aquél que
usa una máquina” – y no de aquél “que discurre algo con ingenio”, sino
en segundas nupcias...
Los ingenieros
griegos y romanos desde Eupalinus de Megara, Vitruvius, Agrippa, Frontinus
(para no mencionar al gran Yu, los grandes ingenieros egipcios Enene, Senemut,
Bekenchons) siempre existieron pero nunca se llamaron ingenieros, ese
nombre más bien se reservó a los cuidadores de las máquinas de guerra por lo
menos hasta el siglo XII, que nosotros sepamos. Si no que lo digan los
architectus, de quienes pensábamos eran técnicos de arcos.
OBRAS CITADAS
ARIAS Y ARIAS, Ricardo, La
poesía de los Goliardos; Madrid 1970.
BENEVOLO, F. Storia dell´architettura del Rinascimiento. Gli inventori della nuova
architettura.
BESSON: Theatrvm Instrvmentorvm et Machinarym Iacobi Be soni –
Delphinatis, Mathematici ingenio si simi, Lvdgvini, 1589.
COTTELLE T.Q. Esquisse historique sur l’
institution des ponts et chaussées en France. París
1848.
Diccionarios: Webster (1983), Random House (New York, 1967); Diccionario
Ilustrado Vox, Latino Español; Dictionnaire Latin/Francais (Gaffiot);
Dictionnaire Latin-Francais (H. Goelzer, Garnier Flammarion); Maria Moliner,
Gredos; Real Academia Española (varias ediciones); Elementary Latin Dictionary,
C.T. Lewis.
FRANKI, Paul “The Secret of Medieval Masons”; “The
Art Bulletin, 1945”.
FINCH, J.K. The story of engineering, New York 1960.
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FLORMAN, Samuel C., Engineering and the liberal arts;
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GILLE, Bertrand. Les ingénieurs de la Rennaissance; Hermann, París 1964).
HART, Yvor B. The great engineers. Freeport, N.Y., 1967.
MENDENDEZ
PIDAL, Ramón. Antología
de cuentos de la literatura universal. Editorial Labor 1955.
PARSONS,Wm. Barclay. “ El espíritu del Renacimiento”, Progress in Engineering, New York
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ROUSE BALL, W.W. A Short
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VASARI, G. Vida de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos.
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ZAWISA, Leszek. “La Academia de
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ZEISING: Theatri machinarum,
Leipzigk, 1658.
NOTAS
Dos menciones obligadas. El Ing. Herman
Roo Gómez, mi estimado amigo, Vicepresidente de la Comisión Internacional de
Grandes Presas, es en parte mi co-autor, porque además de las discusiones sobre
los asuntos aquí tratados me ha abastecido con un material sumamente erudito.
Además me ha asesorado en las traducciones latinas y permitido consultar su
biblioteca. Mi asistente, la novel ingeniera Daniela Chavarría, ha tenido la
paciencia de ayudarme acertadamente a discurrir con ingenio en las materias
tratadas.
Da Vinci se llamaba a sí mismo “ingeniero”,
esto es, sin referirse a su especialidad, aunque solicitó una vez empleo para
“ingeniero militar”, de su carta de presentación a Ludovico Sforza (de
sobrenombre Il Moro) (Milán, 1483) :
HART, 27-28 ofreciendo las siguientes calificaciones:
1./Tengo
un proceso de construcción de puentes muy livianos y de fácil transporte, por
medio de los cuales para la persecución del enemigo; 2./en caso de asedio
realizo drenajes y conozco la construcción de escaleras y aparatos similares;
3./si por razones de altura o fuerza no es posible bombardear una posición
hostil, tengo los medios de destrucción por minas siempre que las fundaciones
no sean de roca; 4./conozco como fabricar cañones livianos capaces de arrojar
materias inflamables, cuyo humo causaría terror, destrucción y confusión en las
filas enemigas; 5./por medio de túneles subterráneos secretos y tortuosos,
excavados sin ruido, soy capaz de crear pasos a sitios inaccesibles, incluso
por debajo de ríos;6./soy capaz de construir vagones seguros y cubiertos para
el transporte de armas hasta las filas enemigas...7./puedo hacer cañones y
máquinas de fuego...si el uso de cañones no es práctico los puede reemplazar
por catapultas... y, si el combate es en el mar, tengo numerosas y las mas
potentes máquinas tanto para el ataque como para la defensa.
Y
en tiempos de paz, creo que puedo competir con cualquiera en arquitectura y en
la construcción de tantos monumentos públicos como privados, y en la
construcción de canales.
Soy
capaz de hacer estatuas en mármol, bronce y arcilla; en pintura, lo puedo hacer
tan bien como “cualquier hijo de vecino” (Modestia aparte: !no todos pueden
pintar la Mona Lisa o La Ultima Cena¡).
Igual denominación utilizada para
Fontana: por 1580 el Virrey de Nápoles nombraba a Fontana “Arquitecto e
Ingeniero Jefe” del Reino de las Dos Sicilias(Gille, idem). Este es
seguramente el tatarabuelo de Esther, la arquitecta de Edelca, en Guri, Macagua
II, Caruachi...s.d.e.
Los albañiles medievales (“masones”) se
llamaron “albañiles libres” (free masons) porque no estaban asociados a ningún gremio de ninguna ciudad, como las
otras profesiones (véase “The Secret of
the Medieval Masons”, por Paul Frank; The
Art Bulletin, 1945). El primer
albañil de la ciudad de San Cristóbal fue el Paisa Vivas, c. 1959, y el otro de
San Félix de Guayana fue Efraín, quien construyó allí mismo una presa, a puro
pulso, albañiles libres ambos... Posteriormente se desarrolla la masoneria pero
esto es otro asunto, que no tiene nada que ver.
Según tenemos entendido, los últimos goliardos
que quedan en Venezuela son, obviamente, los de la generación del ´58 de la
Universidad Católica, esq. De Mijares, especialmente Guido Arnal y el Curro
Aguerrevere, según me relató, a título confidencial, mi estimado amigo el Dr.
Ricardo Zuloaga, h.; por cierto su hijo Carlos, junto con Cristóbal Palacios
Juliac, son los únicos jugadores de polo adecos en toda la historia de la
América Latina...
En realidad la existencia de ingenieros,
de una manera formal, debe remontarse como mínimo a los romanos notables, el
gran Frontino y Vitruvio son bien conocidos. Además la anécdota del Ing. Datus
sobre el túnel del Saldae (Argelia) en el 152 D.C. es muy ilustrativa; en su
informe indica (Cf. Straub, A history of
civil engineering, 1952, pág v)
que para la realización del túnel “empecé con la topografía y nivelación de la
montaña, dibujé los planos y la sección de todo el cerro... y como una
precaución adicional reuní al contratista y los trabajadores y comencé la
excavación en su presencia con la ayuda de dos cuadrillas de experimentos
veteranos, siendo ellos, un destacamento de infantería marina y un destacamento
de tropas alpinas. ¿Qué mas podría haber hecho? –Termina lamentándose el
infeliz Datus: “Después de cuatro años de ausencia, esperando oír la feliz unión
de las aguas del Saldae, llego; el Contratista y sus asistentes han hecho
tratada mas trastada; en cada sección del túnel se han separado de la línea
recta, y si yo hubiera tardado algo más en regresar, ¡Saldae ya tuviera dos túneles en lugar de uno!.
Terminamos con una acotación de puro
cuento. Se trata a las citas de la palabra arquitectus
(también obrero y constructor) que
aparece en el cuento El tesoro de Rampsinito, citado por Heródoto de Halicarnaso (h. 484-425
a.c.) lo cual coincide con las fechas de Finch, por la época del túnel de
Samos. Pero lo importante es la trascendencia hacia atrás de las fechas de los
cuentos. Resumamos el párrafo oportuno: (Menéndez Pidal, p. 23).
Queriendo
el rey guardar en sitio seguro todos sus tesoros, dicen que mandó a construir
un edificio de piedra... el obrero que se encargó de construirla, obrando con
mala intención, la dispuso con engaño... Pasado algún tiempo, el constructor,
sintiendo ya próximo el fin de su vida... informó a sus herederos. Muerto el
arquitecto, sus hijos... quitaron la piedra... y entraron en el tesoro...
Pero el punto está en que tratándose de
un cuento egipcio, el uso de las palabras se remonta tempranamente. “Desde
luego que ya conocemos un curioso cuento egipcio que tiene numerosos paralelos
en la literatura actual de Europa y de Asia, el cuento del Rey Rampsinito y los hijos de su arquitecto, contado por Heródoto”
menciona Menéndez Pidal. Existe además la referencia cronológica de otro
cuento, el de Los dos hermanos (idem,
19):
La
sorprendente analogía que existe entre este cuento egipcio, que tiene mas de
tres mil años, desconocido hasta hace muy poco, y ciertos cuentos que desde la
India se han esparcido por toda Asia y de allí por Europa.. En el de Los dos
hermanos... se comprenderá que nos hayamos planteado respecto a él la cuestión
de las relaciones que hayan podido existir en los tiempos antiguos entre Egipto
y la India ) tal como aconteció con las matemáticas)...
Contra
el origen egipcio de este último, se ha objetado que los egipcios no llevaban
barba, pero Maspero , fijándose en los monumentos, afirma que los de pura raza
podían llevarla si querían y, por otra parte, los soldados de que habla
Heródoto podrían ser bárbaros, griegos o persas.
Quiere decir que habrían referencias milenarias
a la palabra architectus. Rematamos con Finch (Introduction, xxi): “El más
antiguo título de construcción registrado se remonta al 3000 a.c. cuando
apareció el primer “jefe de obras” en el Antiguo Egipto.
En Mesopotamia era simplemente batu” (¿remember batiment, builder, bauhaus?).