Cátedra de Gerencia de Construcción.

CATEDRA DE GERENCIA DE LA CONSTRUCCIÓN.Convenio entre la Unimet y la Cámara Venezolana de la Construcción, desde 1999. Blog de la Cátedra, como web informativa, y lugar de intercambio de conocimiento, opinión y trabajo colaborativo.

lunes, 15 de enero de 2018

Origen del nombre: Ingeniero

SOBRE EL ORIGEN DEL NOMBRE: INGENIERO

Alberto Méndez Arocha

Tomado textual de la Revista CIV, Número 371, de la Fundación Juan José Aguerrevere y solo reproducido para usos didácticos.

Aclaremos al lector: hay que diferenciar entre el uso antiguo de este término como definición de una ocupación, artesana y generalista, asociada a las actividades de construcción y militares, hasta las épocas medievales, como veremos, y luego diferenciar dijimos, del uso dictado por la aplicación del nombre a su actual oficio y la aparición de la denominación académica: como actividad basada en el ejercicio de una profesión universitaria.

Así tengamos en cuenta que:

“...por miles de años la ciencia y la ingeniería recorrieron caminos separados como si ninguna tuviera que contribuir a, o aprender de, la otra. Desde los primeros tiempos los ingenieros fueron (o más bien la palabra ingeniero fue aplicada a) orgullosos e independientes artesanos que se guiaban en su trabajo no por teorías científicas sino por el sentido común y las reglas prácticas aprendidas por la experiencia....
ni siquiera los grandes avances científicos y matemáticos previos al siglo XVII (las épocas de Bacon, Galileo, Leibniz y Newton) se aplicaron en las tareas de la ingeniería contemporánea...” (Cf. Florman, Samuel C., Engineering and the liberal arts; New York, 1968).
Justamente la evolución de esta acepción tiene que ver con el fondo del asunto sobre el que discurriremos.
Primero artesano, luego matemático, luego científico, lo que se llama hoy ingeniero: pero el nombre, que siempre existió, desde tiempos remotos. ¿A quién se refería?. ¿Y cuál es su origen?.
De ingenioso, dice todo el mundo. Otros desdicen, viene de máquina.
La dicotonomía aparece desde las definiciones de los diccionarios modernos: Ingeniero es aquél que discurre con ingenio las trazas y modos de conseguir o ejecutar una cosa... mientras que ingenio se refiere: a la “facultad del hombre para discurrir o inventar con prontitud y facilidad” pero también a “cualquier máquina o artificio de guerra para ofender o defenderse...”. He ahí el dilema...
Presentamos entonces el orden de la exposición, que es así:

COMO DENOMINACION


·         Los orígenes: ingeniarus
·         Máquina o invención: la “cita de Tertuliano”
·         La cuestión ingenioso vs. maquinista en los diccionarios clásicos.



·         El Ing. Mec Méndez, CIV 3235, es egresado de la UCV y Doctor en “Derecho y Economía de la Energía” de la Universidad de París. Dedicado a James Kip Finch y Bertrand Gill.
·         Primera documentación del nombre: ingeniator, maitre des machines, auxiliar de guerra.
·         Architectus

COMO OFICIO/PROFESION


·         Segunda documentación: el despertar de la denominación moderna: los “teatros de máquinas”.
·         Tercera documentación: la nomenclatura del Renacimiento Italiano, ingeniero

COMO ACADEMICO


·         El otorgamiento del título: las universidades
·         La aparición de las matemáticas

LOS ORIGENES: INGENIARUS


La interpretación del origen del nombre como maquinista en lugar de ingenioso es una posición que tiene también cierto respaldo, y al final cierta similitud, lo que viene a constituir el meollo de esta discusión. Veamos los argumentos.
En efecto, tanto la Segunda Edición de Diccionario Webster (1983) como el de Random House (New York, 1967) se refieren al origen de la palabra engineer como derivada del Bajo Latin ingeniarus, equivalente a ingenia(tus), de donde derivaron ingeniator (Bajo Latin), ya mencionado, y luego engigneor (Francés Antiguo), y luego engyn(e)our (Inglés Medio). También Webster cita del Viejo Francés engigneur y en Inglés Medio, engigner (p. 602). Lo que podría favorecer la interpretación en favor de ingeniarus, aunque no describen el oficio.

Nótese de paso el cambio de ingen -a enging - lo que fonéticamente (que es lo que vale, no la grafía) sería determinante al cambio del ingeniero que usa un ingenio incluso como máquina) al engineer que usa una engine (o sea que en inglés el ingeniero es más maquinista que en español...).

Sin embargo, el asunto se diluye por la aparente evolución de la acepción original, ya que el término inicial, del Bajo Latín, ingeniarus, se refería a “aquel que usa una máquina” – pero máquina viene de ingenium, que es invención ingeniosa. De donde proviene la validez de la posición como oficio o profesión, quizás como una evolución de la terminología primera.

También el texto de Random House destaca la composición de la palabra engineer como engine + - er, participio de ingeniare: diseñar, instrumentar, (devise), del latín ingenium. Esta sería otra acepción, cercana al término actual de la profesión, en cuanto a proyectista.
Respecto de engine la toman como derivada de engin, del Inglés Medio, a su vez prestada del Francés Antiguo, a su vez proveniente de Latín ingenium, invento.
Quiere decir, habrían dos acepciones vigentes en esa época: ingeniero como inventor, y como cuidador de máquinas.

MAQUINA O INVENCION: LA CITA DE TERTULIANO


La confusión se ilustra bien en los textos de Finch (The story  of engineering, New York 1960, p.82), el ilustre historiador de la Ingeniería. Primero él menciona que Tertuliano (200 D.C.) habla de un ataque de los romanos a los cartagineses, donde estos quedaron con los ojos “claros y sin vista” cuando aquellos sacaron una especie de ariete (novum extraneum ingenium), aparato que los asirios también habían usado siglos antes.
Entonces Ingenium se registra “como término aceptado”, destaca Finch en su primer trabajo, para describir una invención ingeniosa, --¿o una máquina de guerra? - - ya en el 200 D.C.

Esto lo decimos, en lo que respecta a invento o a “máquina”, y justamente es el fondo del presente artículo, por lo siguiente: en una revisión posterior, Finch (Engineering and the Western Civilization, 1990, p. 34) expresa textualmente que Tertuliano “se refería a una máquina de guerra”. Esta interpretación no parece correcta.

LA CUESTION INGENIOSO VS MAQUINISTA EN LOS DICCIONARIOS CLASICOS

En cuanto voz latina


No hay ninguna mención en los diccionarios latinos consultados a ingenium como máquina sino como invención. A saber.
Diccionario Ilustrado Vox Latino/Español.
“Ingenium: genio/fantasía, invención”.
Dictionnaire Latin/Francais (Gaffiot)
Que tiene por naturaleza todas las cualidades de la inteligencia / de espíritu vivo / Idea para inventar / un hombre de ideas / de talento / invención ingeniosa”.
Dictionnaire Latin-Francais (H. Goelzer, Garnier Flammarion)
“Un hombre de talento, de genio. Invención ingeniosa”.

En cuanto a los diccionarios castellanos.

Diccionario de uso del Español (María Moliner, Gredos).
Ingenio: del latín “ingenium”, conjunto de actividades innatas, derivadas de genius... Acepción 4: no frecuente, máquina. 5. Pieza de artillería. [o sea que en Español sí se refiere a máquina).

Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua

Hablando del Ingeniero dice la Real Academia: “...el que discurre con ingenio las trazas y modos de conseguir o ejecutar una cosa...” - - se refiere, por tanto a la versión ingeniosa, al igual que la Moliner: “persona que discurre algo con ingenio”, sin referirse a la profesión, aparece en su segunda acepción”.
Advirtamos que, no en latín, pero sí en español, ingenio se usa con el valor de máquina, pero ello no obvia la (aparente) incorrecta interpretación del latín de Tertuliano, como indicamos arriba.

En efecto la Real Academia se refiere a Ingenio: “facultad del hombre para discurrir o inventar con prontitud y facilidad”, pero además (acepción 6ª.): “máquina o artificio mecánico” y luego (acepción 7ª.):“cualquier máquina o artificio de guerra para ofender o defenderse...”
O sea que en español, no en latín, se acepta la dicotonomía sobre el origen: primero ingenioso, luego maquinista (y artesano). Es curioso que esta diferencia entre las lenguas romances y sajonas, en cuanto las primeras, en su evolución, aceptaron su dicotonomía entre las dos acepciones. Excepto que si en inglés engin deriva de ingenium, todo al final viene de la misma raíz...

Resumiendo así esta evolución, del nombre del artesano al nivel de operador/artesano con el nombre de “ingeniero” resulta:
De modo que pareciera que el origen del nombre atiende a ambas etimologías: primero a ingenio, quien inventó, y luego al ingenio que las utilizó.

Esto es, que ingenioso o maquinista tienen en el fondo el mismo origen. Porque para Webster, viene del Francés Antiguo engin, enging, engeng; en Italiano Ingegno, o sea que viene de ingenium, claro está; pero se aplicaba al que cuida una máquina, a un maquinista, un artesano, no a un inventor, no a un proyectista.
En cuanto al Castellano, la Posición B encuentra respaldo en la Ed. 1982 de la Real Academia, p. 772, cuando admite al describir la palabra “ingeniería”: (¡).
Ingeniero: “(de ingenio, máquina o artificio). Persona que ejerce o profesa la ingeniería”. Esta acepción no aparece en la edición aniversaria posterior.
Debemos añadir, a favor de esta tesis, que en el “Imperio Romano Oriental, centrado en Constantinopla, apareció el título de mechanikos o mecánico. De que esta gente era a la vez arquitectos e ingenieros lo respalda el hecho que aun hoy en Grecia no se hace distinción entre ambas posiciones... El ingeniero civil se llama politikos mechanikos y el eléctrico electrogos mechanikos...” (Finch, idem, 24).
Quizás pudiéramos mencionar, que, en nuestra humilde opinión, todo indica que en estos tiempos el “ingeniero” era un humilde operador de máquinas, y el gran ingeniero eran otros denominados de manera distinta, como veremos luego.

(Inglés) ingenium    engin    engineer
y luego
(Español) ingenium    ingenio    ingeniero,
máquina

PRIMERA DOCUMENTACION: MAITRE DE MACHINES (CAPORAL DE MAQUINAS); INGENIATOR (ARTESANO; AUXILIAR DE GUERRA)

Tenemos una primera referencia en el idioma inglés. En Inglaterra la palabra ingeniator se usaba “para el operador de máquinas de guerra y artillero de castillo” lo que se cita alrededor del siglo XII, o sea, “maitre de machines”.
El oficial que se ocupaba de las armas de fuego en la guardería en los tiempos de Eduardo II era conocido como Artilator (digamos artillero) o Ingeniator.
Ailnolth (h. 1.157), quien trabajaba en la Torre de Londres para el palacio de Westminster, era descrito como un ingeniator. “Era un hombre versátil, que trabajaba igualmente con plomo o vidrio, que con piedra o madera...” Era un artesano con formación técnica, quizás tan carpintero como fueron la mayoría de los llamados “ingenieros” de los siglos XII y XIII, hombres acostumbrados a fabricar las grandes máquinas de guerra que precedieron el uso de la pólvora (lo que Guille cita como “Maestros de Máquinas”). (Cf. Finch, obras citadas; Gille, Les ingénieurs de la Rennaissance; París 1964).

William Byker aparece primero como “ingeniero de las hondas del rey” (war slings) y luego artillator domini regis in turre Londoniarum, donde fabricaba cañones. T.F. Tout dice que quienes se ocupaban de las armas de fuego en cualquier parte excepto la Torre de Londres eran “ingenieros, no contabilistas u oficinistas” (Finch, idem).

ARCHITECTUS

Este es, pensamos, un aporte importante en nuestra disertación.
A nuestro juicio los “así denominados”, o sea los antiguos “ingenieros” no ejercían la profesión que hoy llamamos ingeniería, eran inicialmente unos artesanos, y se aplicó la palabra a la profesión actual a partir del XII o XIII (Francia) y definitivamente en Italia después del Renacimiento.
Entonces, si en esos tiempos antiguos los llamados ingenieros, o ingeniators, eran unos albañiles o maquinistas, ¿cómo se llamaban los verdaderos ingenieros?: se llamaban architekton, o architectus, al menos en Grecia y Roma.
De otra parte está una muy importante acotación de Finch (idem, 24) donde señala que “el uso más antiguo del título de architekton fue la denominación otorgada a Eupalinus de Megara, quien dirigió el famoso túnel de Megara, en Samos, en la época griega.

En apoyo a este punto citamos al general Parsons, (parte 1, pág. 14, “El espíritu del Renacimiento”), cuando declara:
“Durante el Renacimiento... todas las fases del arte de la construcción eran practicadas exitosamente por la misma persona, a quien Vitruvius llamaba architectus...”  Sin embargo, anotemos que quizás se refiere el estimado general más bien a la época pre renacentista, en el período oscuro citado arriba por Finch, porque es un hecho el uso del título, aplicado por ejemplo a Leonardo como Ingeniero General por los Borgia.
El Elementary Latin Dictionary de C.T. Lewis, y volvemos a la biblioteca de Herman Roo, explica:

“a masterbuilder (gerente de construcción), inventor, autor, hacedor”. O sea, lo que es hoy un ingeniero, el homo faber, un Leopoldo Sucre Figarella o un Jose Antonio Gómez Baldó. Los cuales a decir verdad, no son ni estrictamente proyectistas ni contratistas, sino hombres de empresa, grandes capitanes, gerentes, administradores y seleccionadores de recursos, captadores innovadores de soluciones políticas y financieras, al estilo de Ferdinand de Lesseps (¡en su época feliz!).

Y el Diccionario Latin-Francais de Henri Goelzer reza:
architector, “edificar, (II) refinar en la invención”- - o sea, siempre la raíz ingenium, pero como constructores e ingenieros (proyectistas) al tiempo, porque también hay contratistas - constructores que son ingenieros.

Después los romanos usaron (reproduciendo el término griego) el título de architectus como un especialista intermedio “entre el representante oficial y el técnico artesano”.
Añade Parsons un comentario muy interesante (idem, pág. 81):
“Después en la Edad Media, el Ing. Municipal romano no volvió a existir. El architectus se replegó a su antiguo trabajo de artesano. Es obvio, sin embargo, que solamente un capaz y dotado artesano pudo haber concebido y construido el esqueleto estructural de la catedral gótica. Está claro que ha debido recibir alguna inspiración y aprendido algunas lecciones de lo que quedaba de las obras romanas...”

Por cierto, entramos entonces en una época cuando el uso de la denominación era utilizada corrientemente donde todos los autores de unos extraños “teatros de máquinas”, y tendría que ser la usanza de la época. Veamos algunos datos de estos ilustres y atrevidos personajes y sus “teatros” o catálogos de ventas, como diríamos hoy.

SEGUNDA DOCUMENTACION: LA NOMENCLATURA DEL RENACIMIENTO ITALIANO, INGENIERO

Cuando, en 1268, el “ingeniero” Assaut requirió por escrito ser recibido por Alfonso de Poitiers, quien se preparaba para una cruzada, debió presentar al Príncipe un recuento de máquinas, anticipándose al estilo Guy de Vigevano. Quizás su carta no sería muy distinta del texto de Bacon, o de la carta de Leonardo (da Vinci) enviaría con la misma intención a Sforza. Aquí, también, las tradiciones de los consultores se mantienen...

Después, en 1328, cuando Felipe V de Valois concibió partir en la Cruzada, Guy de Vigevano se transformó en Consejero Militar (antes había escrito un Manual de Higiene para la reina Juana de Borgoña) y escribió para el rey un tratado de máquinas de guerra destinado a facilitar la real expedición (Gille, op. cit.).

El teatro de Besson: Theatrvm Instrvmentorvm et Machinarym Iacobi Be soni – Delphinatis, Mathematici ingenio si simi. En el preface av lectevr (pp., 1-2; Lvdgvni 1589, o sea Lyon, (como todo lector de Astérix conoce), se dice lo siguiente:
BESSON, Dauphinois, Ingenieux & Mathematicien du roy de France, méprisa plusieurs incommodités, && [BESSON, ingenioso y matemático del rey de Francia, despreciando las mayores incomodidades, etc...] nótese que dice ingenioso y no ingeniero, ingénieux no ingénieur, a menos que los considerara como sinónimos...
El otro conjunto de dibujos y especificaciones es de: ZEISING: Theatri machinarum, Leipzigk (grafía original).
Y finalmente, el renombrado:RAMELLI, Agosto, con su: “Le diverse et artificiose machine del Capitano Agostino Ramelli del Ponte della Tresia. Ingegniero del Chriftinian ffimo Re di Francia et di pollonia..&..&...” (la negrita es nuestra).
Es decir, el término era de uso común para los fabricantes de máquinas de guerra, en el XVI... Lo que corresponde a lo que hemos llamado la posición ingeniosa (ingeniarus).

TERCERA DOCUMENTACION: LA NOMENCLATURA DEL RENACIMIENTO ITALIANO, INGENIERO

Deberíamos hacer ahora una acotación sobre los ilustres  ingenieros italianos del Renacimiento, quienes constituyeron la transición entre los “ingeniators”, los artesanos de la guerra y artilleros, y los eruditos arquitectos y científicos, con el mismo nombre.

Entonces  se propone la siguiente evolución:

Architectus, (Babilonia, Egipto, China, Grecia, Roma)
Artesano, (Edad Media)
Ingeniero (Renacimiento) al siglo XX, XXI

Después de los principales ingenieros medievales alemanes de quienes nos quedan sus “cuadernos”: Villard de Honnecourt, Guy de Vigevano, Jordanus, Gerardo de Brusellas, Guillermo de Moerbeke, vienen los grandes italianos y alemanes, entre ellos:

Leonardo da Vinci: A la caída de Sforza en 1498, lo empleó en Florencia César Borgia (hijo natural de Rodrigo Borgia, oficialmente conocido como el Papa Alejandro VI), con el título de “Ingeniero – General” declarando que “todos los ingenieros de nuestros dominios deberán reportarse con él y seguirán sus órdenes”.

Fue Milán, a mediados del siglo XV, un centro técnico excepcional; la construcción del Domo, a mediados del siglo XV, convocó una pléyade de ingenieros y arquitectos que marcó un hito en la historia de la arquitectura. Allí El Filarete redactó su tratado y el gran ingeniero sienés Francisco de Giorgio vino a dar una asesoría “ante los ojos maravillados” de un joven florentino llamado Leonardo da Vinci.

La biblioteca milanesa de los Sforza (antes los Visconti) era un dechado de cultura. Todos los libros técnicos, como Frontino, los agrónomos, Vegecio obviamente, algunos medievales, como Pierre de Crescent; sin embargo se nota la ausencia de la Divina proportione, de Pacioli.

Sin ser tan brillante, la Corte de Rimini, de la familia Malatesta, formada más por “condottieros” que humanistas, no jugó un papel menos importante. Allí trabajó Alberti, y su secretario Valturio publicó el tan famoso tratado sobre técnica militar.

Pero fue en Urbino donde floreció el mayor humanismo. Los Montefeltre mantuvieron una de las cortes más cultas de toda Italia. Justamente fue allí donde Leonardo encontró (en la biblioteca) los manuscritos de Arquímedes, cuando seguía las huestes de César Borgia en el pillaje de la ciudad.

Resumiendo, en la primera generación italiana hay que nombrar a: Jacomo Fontana / Marianus Jacobus (“II Taccola”) / Roberto Valturio / León Battista Alberti / Antonio Francesco Averlino (“Filarete”) / Los Fioravante (uno de ellos apodado “Aristóteles”) / Lorenzo Ghiberti / y finalmente los más grandes: Francesco di Giorgio Martini, los San Gallo, Leonardo, Bruneleschi, Tartaglia, Benedetti y Galileo, estos últimos más como matemáticos que como especialistas en balística o dinámica.

La transformación más sensible es la aparición de un nuevo tipo de hombre. Está todavía incompletamente definido hacia en el fin del último tercio del siglo XV. No aparece en toda su complejidad sino cuando la artillería se convierte en una dominante de la vida militar. Francisco de Giorgio va, en este sentido, a marcar el vuelco decisivo. Taccolla parece todavía lo que en la Edad Media se llama un “Maestro de Máquinas” - - auxiliar importante, y estimado de los ejércitos, pero reducido todavía a un papel subalterno.

Bertrand Gille, el experto en Historia de la Ingeniería Renacentista que asiduamente hemos estudiado, hace la siguiente importante acotación, en el sentido de que esa es la época, en que el ingeniero deja de ser el “maestro de máquinas” para convertirse más en la persona que hoy representa.

La palabra era así de uso corriente en el siglo XVI, aunque el título no era universitario, como se dijo, sino denotaba “la profesión “. El propio Galileo era de título original médico pero daba conferencias magistrales de física o matemáticas en las universidades donde asistían mas de dos mil estudiantes de toda Europa (Cf. Timoshenko, History of Resistance of Materials).

Debemos introducir aquí, sin embargo, lo que consideramos una importante acotación. Ya para fines del XV la separación entre constructor – contratista y proyectista estaba bastante bien establecida.
Brunelleschi tuvo mucho que ver con eso y el caso de la construcción de Santa María de las Flores (la catedral de Florencia) es muy esclarecedor, y la anécdota de la célebre huelga es ilustrativo (Cf. Vasari, citado por Benevolo, amabilidad del sabio Ralph Erminy y del Prof. Juan Pedro Posani):

“Erano gia la catene finite intorno all´otto facie [la base del domo es octogonal, a.m.a.], ed i muratori inanimiti lavoravano gagliardamente...
onde, mossi da questo e da invidia... dissono que era faticoso lavoro e di pericolo, e che no volevan volgerla senza gran pagamento...e, pensatovi su, prese partito, un sabato sera, di licenziarli tutti... quando il lunedi seguente messe in opera Filippo dieci Lombardi...gl´instrui in un giorno tanto, che si lavorano molti settimane...
Dall´altra parte i muratori, veggendosi licenziati e tolto il lavoro...non avendo lavoro, e fatto lo quello scorno...messono mezzani a Filippo de ritornerebbero volentieri... poi li rimesse con minor salario que egli non avevano prima...e cosi..e con il vindicarsi contro Filippo feciono danno e villania a sé stessi...”

Pero lo más importante, a los efectos nuestros, es como remata Benevolo la aventura, con la siguiente sentencia: ”Este episodio...indica ciertamente una ruptura entre la solidaridad de clases entre el proyectista y el constructor”
Esta solidaridad entre proyectista, contratista e inspector últimamente se ha visto “remodernizado” a través de las nuevas versiones de los contratos llave en mano, o “proyectar, inspeccionar y construir” por el mismo contratista (turn-key jobs, BOT, IPC). Pero alto riesgo para el propietario, quien tendrá que ejercer buena supervisión.
EL OTORGAMIENTO DEL TITULO: LAS UNIVERSIDADES
En la temprana Edad Media, por el siglo XII, surgieron las comunidades alrededor de las catedrales y monasterios que dieron lugar a la consolidación de centros de enseñanza conocidos como universitas magistrorum et scholarium. Los estudiantes ingresaban muy jóvenes, y en los primeros cuatro años de residencia estudiaban en trívium, (gramática latina, lógica y retórica).
Aquí se confería el título de bachellor. Las clases eran en latín y el método de enseñanza por concurso. Es la época  de los Goliardos, narrados en la música del Carmina Burana (CF. Ricardo Arias y Arias, La poesía de los Goliardos; Madrid 1970):
Respecto de la enseñanza de las matemáticas Roger Bacon (ojo no Francis) informa por el 1240 que en Oxford la cantidad de geometría que se enseñaba en el quadrivium no llegaba a más de Euclides I,5.

El quadrivium de la Escuela Pitagórica era más elegante:
números absolutos (o sea, la aritmética).
números aplicados (o sea, la música).
magnitudes en descanso (o sea la geometría).
magnitudes en movimiento (o sea la astronomía).

Por el Estatuto de Praga de 1384, los candidatos a la Licenciatura tenían que leer el tratado de Hollywood (Sacrobosco) sobre la esfera, y los candidatos a la Maestría debían estar familiarizados con los primeros seis libros de Euclides, óptica, hidrostática, teoría de la palanca y astronomía (Rouse-Ball, idem).

En Viena, en 1389, un candidato al grado de Master requería leer cinco libros de Euclides, perspectiva común, partes proporcionales, medición de superficies y la Teoría de los Planetas [el tratado de Campanus basado sobre Tolomeo].

En cuanto al título de ingeniero, si vemos los egresados de las universidades medievales, incluso de la tardía Edad Media, todavía no otorgaban títulos por especialidades, sino la clasificación de grados: bachiller, licenciado, maestría, posteriormente doctor, aunque de instrucción prestigiosa y relativamente especializada: Salerno (medicina), Montpellier y Bologna (leyes) y París (bajo la facultad eclesiástica; Rouse-Ball, idem).

Realmente el título de ingeniero se comenzó a otorgar en Francia a fines del XVIII, en la Escuela de Minas y en la de Puentes y Caminos de París, luego en la Escuela Politécnica, (véase Cottelle, Ange Tousand: Equisse Historique sur l´institution des Ponts et Chaussés; París, 1848). Incluso l´Ecole Politechnique sirvió luego de modelo a West Point, y en Caracas, el Ing. Lutowski también usó sus pensa como referencia en algunas recomendaciones para la Universidad Central de Venezuela, 1831 -- (véase Leszek Zawisza, “La Academia de Matemáticas de Caracas”, Caracas 1960).

LA APARICION DE LAS MATEMATICAS
Mientras tanto las matemáticas estaban entrando en las Universidades. En Oxford primero, luego en París. En 1366 los candidatos a bachilleres eran obligados a jurar que habían seguido al menos cien lecciones sobre matemáticas, aunque esta fórmula era interpretada en un sentido netamente restrictivo.

La poesía de los Goliardos

Ordo noster prohibet                                              Nuestra orden prohibe

semper matutinas;                                                 siempre los maitines;

sed statim, cum surgimus,                                    pero tan pronto nos levantamos

querimos pruinas,                                                  salimos al aire

illuc ferri facimus,                                                   y nos hacemos llevar

vinum et gallinas.                                                   vino y gallinas.

Nil hic expavescimus                                            Nada allí tememos

Ni Hasardhi minas                                                Salvo las amenazas del Azar


Pero las matemáticas no parecían tener interés sino para las “artes mecánicas”. La geometría era cosa para carpinteros, arquitectos y topógrafos. En cuanto a la aritmética, era la base principal del arte del comercio. Las escuelas de ábaco del Mediterráneo se ven expandir desde el siglo XIV y el Liber abaci de Fibonacci difundió la aritmética comercial y la contabilidad de partida doble (véase W.W. Rouse Ball, A short Account of the History of Mathematics; Londres 1908).
Podríamos mencionar, como ilustración pintoresca, dos ejemplos de álgebra y geometría en la Edad Media: la solución de una ecuación de primer grado, y  “la multiplicación con las manos”, como sigue (Cf. Rouse-Ball, idem).

Solución geométrica de una ecuación de primer grado
 Alkarismi dió pruebas geométricas para resolver ecuaciones de primer grado, del tipo Euclides . Por ejemplo, para solucionar la ecuación x_ + 10x = 39, sea AB = x; construyó el cuadrado ABCD, luego hace AH = CF = 5 (y completa la figura anexa como se indica:)
El lado izquierdo de la ecuación está representado por AC, HB y BF. Sumamos a ambos lados KG que vale 25 y da un cuadrado total de 64, cuyo lado es 8, por tanto x es 3.
 



 Multiplicación con los dedos de las manos

Los hindúes y los árabes tenían varios métodos de multiplicación, y otros fueron subsiguientemente utilizados en Italia, de los Pacioli y Tartaglia mostraron ejemplos. El uso de la tabla de multiplicar hasta 5 x 5 era normal. De aquí en adelante la multiplicación se deducía según la llamada regula ignavi, que se basaba en la identidad de:

(5+a)(5+b)=(5-a)(5-b)+10(a+b)

Entonces la multiplicación con las manos era la siguiente:


Sea cinco la mano abierta; seis la mano con un dedo cerrado, etc. Para multiplicar dos números el multiplicador es una mano y el multiplicando la otra, y la respuesta es el número de dedos abiertos en la otra más diez veces el total de dedos cerrados. Aparentemente método introducido en Florencia.

CONCLUSION

Recapitulando sobre el origen del nombre, lo que está en discusión es si ingeniarus o ingenia(tus), del Bajo Latín, provenía o se refería a una persona ingeniosa, que diseñaba e inventaba máquinas, lo que hemos llamado la posición A, o más bien se refería al que usaba o manejaba una invención ingeniosa, o ingenium, o sea, una máquina de guerra, que es la posición B.

La posición que hemos adoptado es que ambas son válidas, en cuanto se llamó ingeniator o ingeniarus, inicialmente, a quienes manejaban máquinas de guerra, luego auxiliares militares, pero que, aparentemente por el siglo XIII se dedicaron a labores más eruditas, basadas en la experiencia de la construcción, como relatan los “cuadernos” de los primeros proyectistas, así como las cintas de ingenieros franceses que ya mencionan el uso de sus “ingenieros de puentes y caminos” (Cf. Cotelle, T.Q. Esquisse historique sur l´institution des ponts et chaussées en France. París 1848).

Debemos confesar, viendo los cuadernos de Villard y de Guy de Vigevano, incluso de los ingenieros renacentistas, recordando por ejemplo el Simposio 6 sobre el domo de la Catedral de Milán, 1450, y el de Brunelleschi sobre Santa María de las Flores en Florencia, que aquellos “ingenieros” estaban absolutamente ajenos a los albañiles constructores, que serían los que seguían sus instrucciones y sus planos, es decir, serían más de la posición como denominación, proyectistas, que de la posición como oficio, artesanos.

Después de 1500 se consolidó el nombre “del nuevo ingeniero” –que era  más proyectista que constructor. Hasta que, desde mediados del XVIII, empezó a salir de las universidades, a veces por la puerta grande...

Así que habrían dos opciones para evidenciar el origen de la palabra ingeniero: de ingenioso, el hombre creador, y de maquinista, proveniente de ingenio- como máquina, el hombre artesano y operador de los inventos: que al final convergen en el mismo origen: ingenium, que produjo “máquina creada por el ingenio” y aquel que “discurre con ingenio las trazas y modos de conseguir o ejecutar una cosa” –para terminar, con la definición decimonónica: “persona que ejerce o profesa la ingeniería”.
La primera constatación se refiere a la evolución de la palabra en sí, que no se aplicó a la profesión sino desde el Renacimiento, y quizás un poco antes, por ejemplo en Francia, pero sin título universitario:

(Inglés) ingenium    engin    engineer
y luego

(Español) ingenium   ingenio   ingeniero,


Luego de esta incorporación de la palabra al colega ilustrado que siempre existió bajo el nombre de architectus (inicialmente batu), o sea una evolución del tipo:

Architectus (Babilonia, Egipto, China, Grecia, Roma)

Artesano (Edad Media)

Ingeniero (Renacimiento) siglo XX

La otra opción, propone que nuestra lengua romance dio pie en su evolución al uso de dos acepciones para evidenciar el origen de la palabra ingenio: máquina e ingeniosidad, y reconociendo como paralelo cultural que ingeniero derivó de ingeniator como “utilizador de un ingenio” del bajo latín, que a su vez derivó de ingenium, todo queda asociado al final a una misma raíz común, ingenium. Esta sería la otra alternativa de evolución:


Ingenium (latín)     ingenio
(máquina)      ingeniator
ingeniero (Edad Media)


O sea que ingeniero viene de ingenio como máquina en primera instancia, como utilizador de ella, e indirectamente viene de ingenio (como ingenioso) porque máquina es producto de dicho ingenio e ingeniero sería el que utiliza la máquina. Sin perjuicio que, igual que en inglés, se haya mantenido también el uso de ingenio como habilidoso.
Así puede decirse que ingeniero deriva primeramente de máquina, de “aquél que usa una máquina” – y no de aquél “que discurre algo con ingenio”, sino en segundas nupcias...

Los ingenieros griegos y romanos desde Eupalinus de Megara, Vitruvius, Agrippa, Frontinus (para no mencionar al gran Yu, los grandes ingenieros egipcios Enene, Senemut, Bekenchons) siempre existieron pero nunca se llamaron ingenieros, ese nombre más bien se reservó a los cuidadores de las máquinas de guerra por lo menos hasta el siglo XII, que nosotros sepamos. Si no que lo digan los architectus, de quienes pensábamos eran técnicos de arcos.

OBRAS CITADAS

ARIAS Y ARIAS, Ricardo, La poesía de los Goliardos; Madrid 1970.

BENEVOLO, F. Storia dell´architettura del Rinascimiento. Gli inventori della nuova architettura.

BESSON: Theatrvm Instrvmentorvm et Machinarym Iacobi Be soni – Delphinatis, Mathematici ingenio si simi, Lvdgvini, 1589.

COTTELLE T.Q. Esquisse historique sur l’ institution des ponts et chaussées en France. París 1848.

Diccionarios: Webster (1983), Random House (New York, 1967); Diccionario Ilustrado Vox, Latino Español; Dictionnaire Latin/Francais (Gaffiot); Dictionnaire Latin-Francais (H. Goelzer, Garnier Flammarion); Maria Moliner, Gredos; Real Academia Española (varias ediciones); Elementary Latin Dictionary, C.T. Lewis.

FRANKI, Paul “The Secret of Medieval Masons”; “The Art Bulletin, 1945”.

FINCH, J.K. The story of engineering, New York 1960.

------- . Engineering and the Western Civilization, 1951.

FLORMAN, Samuel C., Engineering and the liberal arts; New York, 1968.

GILLE, Bertrand. Les ingénieurs de la Rennaissance; Hermann, París 1964).

HART, Yvor B. The great engineers. Freeport, N.Y., 1967.

MENDENDEZ PIDAL, Ramón. Antología de cuentos de la literatura universal. Editorial Labor 1955.

PARSONS,Wm. Barclay. “ El espíritu del Renacimiento”, Progress in Engineering, New York 1929; Engineering and engineers in the Rennaissance. Baltimore 1939.

RAMELLI, Agostino. “Le diverse et artificiose machine del Capitano Agostino Ramelli dal Ponte della Tresia. Ingegniero del Chriftinian f fimo Re di Francia et di pollonia..&..&..., 1588.

ROUSE BALL, W.W. A Short Account of the History of Mathematics; Londres 1908.

VASARI, G. Vida de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos. Editorial Cumbre, México 1978.

ZAWISA, Leszek. “La Academia de Matemáticas de Caracas”, Caracas 1960.

ZEISING: Theatri machinarum, Leipzigk, 1658.

NOTAS

Dos menciones obligadas. El Ing. Herman Roo Gómez, mi estimado amigo, Vicepresidente de la Comisión Internacional de Grandes Presas, es en parte mi co-autor, porque además de las discusiones sobre los asuntos aquí tratados me ha abastecido con un material sumamente erudito. Además me ha asesorado en las traducciones latinas y permitido consultar su biblioteca. Mi asistente, la novel ingeniera Daniela Chavarría, ha tenido la paciencia de ayudarme acertadamente a discurrir con ingenio en las materias tratadas.

Da Vinci se llamaba a sí mismo “ingeniero”, esto es, sin referirse a su especialidad, aunque solicitó una vez empleo para “ingeniero militar”, de su carta de presentación a Ludovico Sforza (de sobrenombre Il Moro) (Milán, 1483) : HART, 27-28 ofreciendo las siguientes calificaciones:

1./Tengo un proceso de construcción de puentes muy livianos y de fácil transporte, por medio de los cuales para la persecución del enemigo; 2./en caso de asedio realizo drenajes y conozco la construcción de escaleras y aparatos similares; 3./si por razones de altura o fuerza no es posible bombardear una posición hostil, tengo los medios de destrucción por minas siempre que las fundaciones no sean de roca; 4./conozco como fabricar cañones livianos capaces de arrojar materias inflamables, cuyo humo causaría terror, destrucción y confusión en las filas enemigas; 5./por medio de túneles subterráneos secretos y tortuosos, excavados sin ruido, soy capaz de crear pasos a sitios inaccesibles, incluso por debajo de ríos;6./soy capaz de construir vagones seguros y cubiertos para el transporte de armas hasta las filas enemigas...7./puedo hacer cañones y máquinas de fuego...si el uso de cañones no es práctico los puede reemplazar por catapultas... y, si el combate es en el mar, tengo numerosas y las mas potentes máquinas tanto para el ataque como para la defensa.
Y en tiempos de paz, creo que puedo competir con cualquiera en arquitectura y en la construcción de tantos monumentos públicos como privados, y en la construcción de canales.
Soy capaz de hacer estatuas en mármol, bronce y arcilla; en pintura, lo puedo hacer tan bien como “cualquier hijo de vecino” (Modestia aparte: !no todos pueden pintar la Mona Lisa o La Ultima Cena¡).
Igual denominación utilizada para Fontana: por 1580 el Virrey de Nápoles nombraba a Fontana “Arquitecto e Ingeniero Jefe” del Reino de las Dos Sicilias(Gille, idem). Este es seguramente el tatarabuelo de Esther, la arquitecta de Edelca, en Guri, Macagua II, Caruachi...s.d.e.
Los albañiles medievales (“masones”) se llamaron “albañiles libres” (free masons) porque no estaban asociados  a ningún gremio de ninguna ciudad, como las otras profesiones (véase “The Secret of the Medieval Masons”, por Paul Frank; The Art Bulletin, 1945). El primer albañil de la ciudad de San Cristóbal fue el Paisa Vivas, c. 1959, y el otro de San Félix de Guayana fue Efraín, quien construyó allí mismo una presa, a puro pulso, albañiles libres ambos... Posteriormente se desarrolla la masoneria pero esto es otro asunto, que no tiene nada que ver.

Según tenemos entendido, los últimos goliardos que quedan en Venezuela son, obviamente, los de la generación del ´58 de la Universidad Católica, esq. De Mijares, especialmente Guido Arnal y el Curro Aguerrevere, según me relató, a título confidencial, mi estimado amigo el Dr. Ricardo Zuloaga, h.; por cierto su hijo Carlos, junto con Cristóbal Palacios Juliac, son los únicos jugadores de polo adecos en toda la historia de la América Latina...

En realidad la existencia de ingenieros, de una manera formal, debe remontarse como mínimo a los romanos notables, el gran Frontino y Vitruvio son bien conocidos. Además la anécdota del Ing. Datus sobre el túnel del Saldae (Argelia) en el 152 D.C. es muy ilustrativa; en su informe indica (Cf. Straub, A history of civil engineering, 1952, pág v) que para la realización del túnel “empecé con la topografía y nivelación de la montaña, dibujé los planos y la sección de todo el cerro... y como una precaución adicional reuní al contratista y los trabajadores y comencé la excavación en su presencia con la ayuda de dos cuadrillas de experimentos veteranos, siendo ellos, un destacamento de infantería marina y un destacamento de tropas alpinas. ¿Qué mas podría haber hecho? –Termina lamentándose el infeliz Datus: “Después de cuatro años de ausencia, esperando oír la feliz unión de las aguas del Saldae, llego; el Contratista y sus asistentes han hecho tratada mas trastada; en cada sección del túnel se han separado de la línea recta, y si yo hubiera tardado algo más en regresar, ¡Saldae ya tuviera dos túneles en lugar de uno!.

Terminamos con una acotación de puro cuento. Se trata a las citas de la palabra arquitectus (también obrero y constructor) que aparece en el cuento El tesoro de Rampsinito, citado por Heródoto de Halicarnaso (h. 484-425 a.c.) lo cual coincide con las fechas de Finch, por la época del túnel de Samos. Pero lo importante es la trascendencia hacia atrás de las fechas de los cuentos. Resumamos el párrafo oportuno: (Menéndez Pidal, p. 23).
Queriendo el rey guardar en sitio seguro todos sus tesoros, dicen que mandó a construir un edificio de piedra... el obrero que se encargó de construirla, obrando con mala intención, la dispuso con engaño... Pasado algún tiempo, el constructor, sintiendo ya próximo el fin de su vida... informó a sus herederos. Muerto el arquitecto, sus hijos... quitaron la piedra... y entraron en el tesoro...

Pero el punto está en que tratándose de un cuento egipcio, el uso de las palabras se remonta tempranamente. “Desde luego que ya conocemos un curioso cuento egipcio que tiene numerosos paralelos en la literatura actual de Europa y de Asia, el cuento del Rey Rampsinito y los hijos de su arquitecto, contado por Heródoto” menciona Menéndez Pidal. Existe además la referencia cronológica de otro cuento, el de Los dos hermanos (idem, 19):

La sorprendente analogía que existe entre este cuento egipcio, que tiene mas de tres mil años, desconocido hasta hace muy poco, y ciertos cuentos que desde la India se han esparcido por toda Asia y de allí por Europa.. En el de Los dos hermanos... se comprenderá que nos hayamos planteado respecto a él la cuestión de las relaciones que hayan podido existir en los tiempos antiguos entre Egipto y la India ) tal como aconteció con las matemáticas)...
Contra el origen egipcio de este último, se ha objetado que los egipcios no llevaban barba, pero Maspero , fijándose en los monumentos, afirma que los de pura raza podían llevarla si querían y, por otra parte, los soldados de que habla Heródoto podrían ser bárbaros, griegos o persas.
Quiere decir que habrían referencias milenarias a la palabra architectus. Rematamos con Finch (Introduction, xxi): “El más antiguo título de construcción registrado se remonta al 3000 a.c. cuando apareció el primer “jefe de obras” en el Antiguo Egipto.
En Mesopotamia era simplemente batu” (¿remember batiment, builder, bauhaus?).












No hay comentarios: